Entrevista con Agostina Ferroni
Agostina Ferroni ha desarrollado una voz poética singular dentro de la poesía contemporánea en español. Tras el reconocimiento obtenido con Lugares a donde no puedo volver (Valparaíso Ediciones, 2025), la autora regresa con Todas las personas que fui, un poemario que profundiza en la memoria, el desarraigo, las transformaciones personales y las distintas versiones de nosotros mismos que habitan a lo largo de la vida.
GERALD PADILLA: Agostina, muchas gracias por conversar con nosotros. Para comenzar, ¿cómo te encuentras en este momento de tu trayectoria como poeta? ¿Qué proyectos te tienen más entusiasmada?
AGOSTINA FERRONI: Muchas gracias a ustedes. Literariamente hablando, me encuentro en un momento de mucha creación: escribiendo un nuevo libro y puliendo un poemario que se encuentra en su instancia final. Por suerte, siempre estoy escribiendo algo nuevo. Y en cuanto a la vida, me entusiasma el hecho de que pronto estaré en Estados Unidos realizando presentaciones literarias y culturales en distintos estados. Me fascina esto porque años atrás me resultaba algo imposible pensar que mi arte podría llevarme a lugares increíbles.
PADILLA: Me gustaría regresar un poco al principio. ¿Recuerdas cuándo descubriste que escribir poesía era algo más que un pasatiempo? ¿Hubo un momento decisivo?
FERRONI: Sí. Es un momento de mi vida que no podría olvidar ni aunque quisiera. Tenía 25 años, estaba viviendo en Australia, todo estaba bien y mal a la vez, porque llevaba una vida muy buena y cómoda: vivía con mi novio, en un lugar con playa, a solo cuadras del mar, tenía un trabajo que no me gustaba pero en donde generaba suficiente dinero para vivir bien y ahorrar. Y quienes hicieron esta experiencia de vivir y trabajar en un país ajeno saben muy bien que llegar a ese momento en el cual ya no compartes casa con desconocidos y la cuenta bancaria crece, es difícil y lleva bastante tiempo. Pero ahí estaba yo; a pesar de llevar esa vida, sentía un vacío enorme. No había nada que me hiciera levantarme todos los días motivada. Además, empezaba a pensar en el futuro próximo: ¿a dónde estaría?, ¿de qué trabajaría?, ¿volvería a mi país?, ¿me iría más lejos aún?, ¿buscaría una residencia en Australia? Haciéndome todas estas preguntas, llegué a la conclusión de que ni siquiera sabía quién era yo realmente. Fue ahí en donde se dio el punto de inflexión; tenía que resolver, antes que nada, mi identidad. Revolviendo en mis recuerdos, experiencias y en la vida misma hasta ese momento, había una sola cosa que siempre fue constante en mi vida: la escritura. Sin embargo, siempre fue tomada como un hobby y una manera de expresarme. Mientras me hacía todas esas preguntas que te mencioné, las únicas respuestas eran en relación a escribir y publicar mis libros. Así que así fue como en Australia y después de un proceso de años, me encontré conmigo misma y empecé a tomar la parte más importante de mí, la escritora que siempre vivió en mi cuerpo (desde que tengo 6 años), con responsabilidad y en serio. El momento decisivo fue cuando empecé a llamar “plan” a mi “sueño”. Y el resto es historia. (risas)
PADILLA: Cuando nace un poema, ¿qué suele aparecer primero: una imagen, un verso, una emoción o una idea?
FERRONI: Palabras que quise decir pero que callé. Eso es lo primero que viene a mi mente, y acompañando a esas palabras, sí claro, las emociones. Siento que a veces, más que escritora, soy una traductora de lo que ocurre dentro de mi cuerpo, y siempre todo eso termina saliendo en palabras escritas.
PADILLA: En tus poemas hay una voz muy íntima y cercana. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre compartir experiencias personales y dejar espacio para que el lector haga su propia interpretación?
FERRONI: Cuando escribo, no pienso en el lector, ni siquiera pienso en mí misma, sino que es un proceso en donde las palabras me atraviesan y yo simplemente tengo que escribirlas; es como si yo estuviera al servicio de la escritura y no al revés. Además, siempre le puse esta cosa romántica a la escritura de que las palabras llegarán a los lectores correctos. No sé si esto cambiará con el tiempo y a medida que crezca, pero hoy lo vivo así. Lo que sí pude notar hasta ahora es que mientras más personal haga mi escritura, más conecta con los lectores.
PADILLA: La memoria, el desarraigo y la transformación parecen atravesar gran parte de tu obra. ¿Qué papel juega la experiencia cotidiana en tu poesía? ¿Sueles partir de vivencias propias o permites que la imaginación complete los espacios?
FERRONI: La poesía es el único lugar en donde puedo ser totalmente sincera, así que sí, todos mis poemas parten de vivencias propias. No puedo escribir poemas desde la imaginación, solo lo hago desde el sentimiento. Sin embargo, en narrativa es distinto para mí. Terminé de escribir una novela que aún no se publicó y sí disfruté un montón de mezclar ficción y realidad.
PADILLA: Cada poeta desarrolla un ritmo de trabajo distinto. ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Esperas a que llegue la inspiración o también hay un ejercicio constante de escritura y revisión?
FERRONI: Ufff, este es un tema todavía para mí. Pero en pocas palabras, mi proceso creativo tiene dos etapas: vivir intensamente y escribir esa vida.
Nunca suelo terminar nada de lo que empiezo, excepto mis libros; aun así, tener un ritmo constante y rutinario de escritura todavía me cuesta. La creatividad atraviesa al cuerpo, y todavía no puedo desligar la vida misma de mi proceso creativo. Durante casi dos años tuve una rutina de escritura para mi novela, pero me costó mucho escribir entre los horarios y dias planteados, por ejemplo, había días en donde tenía que escribir desde las 5:00 pm hasta las 9:00 pm pero me sentaba frente a la computadora y no salía nada, pero más tarde empezaban a llegar las ideas y las palabras y terminaba escribiendo desde las 10:00 pm hasta que veía salir el sol. Para la instancia de corrección de poemas y novela sí suelo cumplir con los días y horarios, pero para la instancia de creación es más complicado mantener la rutina de escritura, al menos para mí. Espero poder madurar literariamente y tener mi propio espacio de escritura y respetar los tiempos marcados desde el principio.
PADILLA: ¿Hay alguna etapa del proceso de escribir un poemario que disfrutes especialmente? ¿Y alguna que siempre representa un desafío?
FERRONI: Sí, amo profundamente el proceso de cohesión del poemario. Ese momento en donde encuentro el hilo conductor de todos los poemas y empiezo a ordenarlos para que cuenten una única historia. Y el desafío es la etapa de corrección, sin dudas. Para mi primer libro “Lugares a donde no puedo volver” me costó un montón saber qué poemas, palabras e ideas sacar y agregar. Yo esperaba que los poemas se publicaran de la misma manera en la que nacieron, pero empecé a entender que saber qué quitar, agregar y corregir también hace a un buen escritor. Así que con mi segundo libro fue un poco más sencilla esa etapa de corrección porque ya iba con la cabeza más fría y sacando los sentimientos del medio.
PADILLA: ¿Ha habido algún mensaje o encuentro con un lector que te haya conmovido especialmente o que haya cambiado la forma en que ves alguno de tus poemas?
FERRONI: Sí, ahora recuerdo dos que me marcaron. Uno fue cuando una chica me dijo que después de leer mis libros se dio cuenta de que a su manuscrito le faltaba “su verdad”, que lo había corregido tanto con su editora que al final terminó desconociendo sus propias palabras, y que después de mí pudo darse cuenta de eso. Y otro fue cuando una niña de unos 13 años me dijo que ella también escribía y que quería ser como yo al crecer. Esos son los momentos en donde comprendo que mi poesía está al servicio de un bien mayor, quizás sea inspirar o formar a otros artistas, no lo sé todavía, pero lo siento de esa manera.
PADILLA: Si pudieras sentarte a conversar con la Agostina que empezaba a escribir sus primeros poemas, ¿qué consejo le darías?
FERRONI: Que no escuche a nadie que le diga que no podrá ser escritora, ni siquiera a sus padres. Que solo acepte consejos de las personas que lograron lo que ella sueña, y que crea más en sí misma porque las cosas llegan solo cuando las creemos y cuando las creamos.
PADILLA: ¿Qué poetas o autores han dejado una huella importante en tu formación como lectora y escritora? ¿Hay alguna voz a la que siempre vuelvas?
FERRONI: Sí, la poesía de Elvira Sastre me hizo sentir más que cualquier otra. Paola Soto también es una poeta increíble. Ellas dos son mis referentes. También leí muchísimo a Benjamín Prado, Luis García Montero, Alejandra Pizarnik, Fernando Valverde. Ellos fueron mi primer encuentro con la poesía y los mantuve durante toda mi vida. Hace apenas unos años, conocí la escritura de Charlie Kaufman, un guionista de cine, y él también se suma a mi lista de referentes por la manera tan magistral en la que crea universos con sus palabras. También me inspira mucho la música; hoy considero que Lana del Rey es la mejor poeta viva.
PADILLA: En una época marcada por la inmediatez y las redes sociales, ¿qué lugar crees que ocupa la poesía? ¿Qué puede ofrecerles hoy a los lectores?
FERRONI: No sé si la poesía está ahí para ofrecer algo en el sentido de “servir” a los lectores. Siento que el lugar que ocupa hoy es el de disfrute; está ahí para ofrecer un momento de disfrute y admiración por la belleza en quienes sepan descubrirla.
PADILLA: ¿Qué esperas que encuentre el lector al terminar Todas las personas que fui? ¿Hay alguna emoción o pregunta que te gustaría que permaneciera después de cerrar el libro?
FERRONI: A mí me encantaría que al finalizar el libro, ellos puedan integrar todas esas partes de ellos mismos que son rechazadas o incluso olvidadas, y abrazarlas con respeto. Me encantaría que pudieran mirar hacia atrás con ojos de cariño al encontrarse con todo lo que fueron, y después de eso, reivindicar su propia identidad, sea cual sea.
PADILLA: Para terminar, ¿en qué estás trabajando ahora? ¿Hay algún proyecto del que nos puedas adelantar algo?
FERRONI: Hay un poemario que ya está casi listo, así que sí, se acercan más poemas, y yo considero que es lo mejor que escribí hasta ahora. Me encantaría decir el título porque estoy enamorada de él, pero solo voy a decir que tiene que ver con el mar. Lo escribí durante mis últimos meses viviendo en Australia, así que es mi obra más íntima hasta ahora; es como abrir las puertas de mi casa e irme a dormir, así de vulnerables son los poemas de ese manuscrito.
PADILLA: Agostina, muchas gracias por compartir este espacio con nosotros. ¿Hay algo más que te gustaría decirles a los lectores de Latino Book Review?
FERRONI: Me gustaría que sepan que siempre se puede empezar de cero, sin importar en dónde vivan ni cuántos años tengan. Los sueños no conocen los límites geográficos ni de edad, así que si tienen un sueño, una idea, un proyecto que los persigue hace mucho tiempo, es por algo, es porque tienen que ocupar el lugar que les corresponde: el de ser creadores.
GERALD PADILLA: Agostina, muchas gracias por conversar con nosotros. Para comenzar, ¿cómo te encuentras en este momento de tu trayectoria como poeta? ¿Qué proyectos te tienen más entusiasmada?
AGOSTINA FERRONI: Muchas gracias a ustedes. Literariamente hablando, me encuentro en un momento de mucha creación: escribiendo un nuevo libro y puliendo un poemario que se encuentra en su instancia final. Por suerte, siempre estoy escribiendo algo nuevo. Y en cuanto a la vida, me entusiasma el hecho de que pronto estaré en Estados Unidos realizando presentaciones literarias y culturales en distintos estados. Me fascina esto porque años atrás me resultaba algo imposible pensar que mi arte podría llevarme a lugares increíbles.
PADILLA: Me gustaría regresar un poco al principio. ¿Recuerdas cuándo descubriste que escribir poesía era algo más que un pasatiempo? ¿Hubo un momento decisivo?
FERRONI: Sí. Es un momento de mi vida que no podría olvidar ni aunque quisiera. Tenía 25 años, estaba viviendo en Australia, todo estaba bien y mal a la vez, porque llevaba una vida muy buena y cómoda: vivía con mi novio, en un lugar con playa, a solo cuadras del mar, tenía un trabajo que no me gustaba pero en donde generaba suficiente dinero para vivir bien y ahorrar. Y quienes hicieron esta experiencia de vivir y trabajar en un país ajeno saben muy bien que llegar a ese momento en el cual ya no compartes casa con desconocidos y la cuenta bancaria crece, es difícil y lleva bastante tiempo. Pero ahí estaba yo; a pesar de llevar esa vida, sentía un vacío enorme. No había nada que me hiciera levantarme todos los días motivada. Además, empezaba a pensar en el futuro próximo: ¿a dónde estaría?, ¿de qué trabajaría?, ¿volvería a mi país?, ¿me iría más lejos aún?, ¿buscaría una residencia en Australia? Haciéndome todas estas preguntas, llegué a la conclusión de que ni siquiera sabía quién era yo realmente. Fue ahí en donde se dio el punto de inflexión; tenía que resolver, antes que nada, mi identidad. Revolviendo en mis recuerdos, experiencias y en la vida misma hasta ese momento, había una sola cosa que siempre fue constante en mi vida: la escritura. Sin embargo, siempre fue tomada como un hobby y una manera de expresarme. Mientras me hacía todas esas preguntas que te mencioné, las únicas respuestas eran en relación a escribir y publicar mis libros. Así que así fue como en Australia y después de un proceso de años, me encontré conmigo misma y empecé a tomar la parte más importante de mí, la escritora que siempre vivió en mi cuerpo (desde que tengo 6 años), con responsabilidad y en serio. El momento decisivo fue cuando empecé a llamar “plan” a mi “sueño”. Y el resto es historia. (risas)
PADILLA: Cuando nace un poema, ¿qué suele aparecer primero: una imagen, un verso, una emoción o una idea?
FERRONI: Palabras que quise decir pero que callé. Eso es lo primero que viene a mi mente, y acompañando a esas palabras, sí claro, las emociones. Siento que a veces, más que escritora, soy una traductora de lo que ocurre dentro de mi cuerpo, y siempre todo eso termina saliendo en palabras escritas.
PADILLA: En tus poemas hay una voz muy íntima y cercana. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre compartir experiencias personales y dejar espacio para que el lector haga su propia interpretación?
FERRONI: Cuando escribo, no pienso en el lector, ni siquiera pienso en mí misma, sino que es un proceso en donde las palabras me atraviesan y yo simplemente tengo que escribirlas; es como si yo estuviera al servicio de la escritura y no al revés. Además, siempre le puse esta cosa romántica a la escritura de que las palabras llegarán a los lectores correctos. No sé si esto cambiará con el tiempo y a medida que crezca, pero hoy lo vivo así. Lo que sí pude notar hasta ahora es que mientras más personal haga mi escritura, más conecta con los lectores.
PADILLA: La memoria, el desarraigo y la transformación parecen atravesar gran parte de tu obra. ¿Qué papel juega la experiencia cotidiana en tu poesía? ¿Sueles partir de vivencias propias o permites que la imaginación complete los espacios?
FERRONI: La poesía es el único lugar en donde puedo ser totalmente sincera, así que sí, todos mis poemas parten de vivencias propias. No puedo escribir poemas desde la imaginación, solo lo hago desde el sentimiento. Sin embargo, en narrativa es distinto para mí. Terminé de escribir una novela que aún no se publicó y sí disfruté un montón de mezclar ficción y realidad.
PADILLA: Cada poeta desarrolla un ritmo de trabajo distinto. ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Esperas a que llegue la inspiración o también hay un ejercicio constante de escritura y revisión?
FERRONI: Ufff, este es un tema todavía para mí. Pero en pocas palabras, mi proceso creativo tiene dos etapas: vivir intensamente y escribir esa vida.
Nunca suelo terminar nada de lo que empiezo, excepto mis libros; aun así, tener un ritmo constante y rutinario de escritura todavía me cuesta. La creatividad atraviesa al cuerpo, y todavía no puedo desligar la vida misma de mi proceso creativo. Durante casi dos años tuve una rutina de escritura para mi novela, pero me costó mucho escribir entre los horarios y dias planteados, por ejemplo, había días en donde tenía que escribir desde las 5:00 pm hasta las 9:00 pm pero me sentaba frente a la computadora y no salía nada, pero más tarde empezaban a llegar las ideas y las palabras y terminaba escribiendo desde las 10:00 pm hasta que veía salir el sol. Para la instancia de corrección de poemas y novela sí suelo cumplir con los días y horarios, pero para la instancia de creación es más complicado mantener la rutina de escritura, al menos para mí. Espero poder madurar literariamente y tener mi propio espacio de escritura y respetar los tiempos marcados desde el principio.
PADILLA: ¿Hay alguna etapa del proceso de escribir un poemario que disfrutes especialmente? ¿Y alguna que siempre representa un desafío?
FERRONI: Sí, amo profundamente el proceso de cohesión del poemario. Ese momento en donde encuentro el hilo conductor de todos los poemas y empiezo a ordenarlos para que cuenten una única historia. Y el desafío es la etapa de corrección, sin dudas. Para mi primer libro “Lugares a donde no puedo volver” me costó un montón saber qué poemas, palabras e ideas sacar y agregar. Yo esperaba que los poemas se publicaran de la misma manera en la que nacieron, pero empecé a entender que saber qué quitar, agregar y corregir también hace a un buen escritor. Así que con mi segundo libro fue un poco más sencilla esa etapa de corrección porque ya iba con la cabeza más fría y sacando los sentimientos del medio.
PADILLA: ¿Ha habido algún mensaje o encuentro con un lector que te haya conmovido especialmente o que haya cambiado la forma en que ves alguno de tus poemas?
FERRONI: Sí, ahora recuerdo dos que me marcaron. Uno fue cuando una chica me dijo que después de leer mis libros se dio cuenta de que a su manuscrito le faltaba “su verdad”, que lo había corregido tanto con su editora que al final terminó desconociendo sus propias palabras, y que después de mí pudo darse cuenta de eso. Y otro fue cuando una niña de unos 13 años me dijo que ella también escribía y que quería ser como yo al crecer. Esos son los momentos en donde comprendo que mi poesía está al servicio de un bien mayor, quizás sea inspirar o formar a otros artistas, no lo sé todavía, pero lo siento de esa manera.
PADILLA: Si pudieras sentarte a conversar con la Agostina que empezaba a escribir sus primeros poemas, ¿qué consejo le darías?
FERRONI: Que no escuche a nadie que le diga que no podrá ser escritora, ni siquiera a sus padres. Que solo acepte consejos de las personas que lograron lo que ella sueña, y que crea más en sí misma porque las cosas llegan solo cuando las creemos y cuando las creamos.
PADILLA: ¿Qué poetas o autores han dejado una huella importante en tu formación como lectora y escritora? ¿Hay alguna voz a la que siempre vuelvas?
FERRONI: Sí, la poesía de Elvira Sastre me hizo sentir más que cualquier otra. Paola Soto también es una poeta increíble. Ellas dos son mis referentes. También leí muchísimo a Benjamín Prado, Luis García Montero, Alejandra Pizarnik, Fernando Valverde. Ellos fueron mi primer encuentro con la poesía y los mantuve durante toda mi vida. Hace apenas unos años, conocí la escritura de Charlie Kaufman, un guionista de cine, y él también se suma a mi lista de referentes por la manera tan magistral en la que crea universos con sus palabras. También me inspira mucho la música; hoy considero que Lana del Rey es la mejor poeta viva.
PADILLA: En una época marcada por la inmediatez y las redes sociales, ¿qué lugar crees que ocupa la poesía? ¿Qué puede ofrecerles hoy a los lectores?
FERRONI: No sé si la poesía está ahí para ofrecer algo en el sentido de “servir” a los lectores. Siento que el lugar que ocupa hoy es el de disfrute; está ahí para ofrecer un momento de disfrute y admiración por la belleza en quienes sepan descubrirla.
PADILLA: ¿Qué esperas que encuentre el lector al terminar Todas las personas que fui? ¿Hay alguna emoción o pregunta que te gustaría que permaneciera después de cerrar el libro?
FERRONI: A mí me encantaría que al finalizar el libro, ellos puedan integrar todas esas partes de ellos mismos que son rechazadas o incluso olvidadas, y abrazarlas con respeto. Me encantaría que pudieran mirar hacia atrás con ojos de cariño al encontrarse con todo lo que fueron, y después de eso, reivindicar su propia identidad, sea cual sea.
PADILLA: Para terminar, ¿en qué estás trabajando ahora? ¿Hay algún proyecto del que nos puedas adelantar algo?
FERRONI: Hay un poemario que ya está casi listo, así que sí, se acercan más poemas, y yo considero que es lo mejor que escribí hasta ahora. Me encantaría decir el título porque estoy enamorada de él, pero solo voy a decir que tiene que ver con el mar. Lo escribí durante mis últimos meses viviendo en Australia, así que es mi obra más íntima hasta ahora; es como abrir las puertas de mi casa e irme a dormir, así de vulnerables son los poemas de ese manuscrito.
PADILLA: Agostina, muchas gracias por compartir este espacio con nosotros. ¿Hay algo más que te gustaría decirles a los lectores de Latino Book Review?
FERRONI: Me gustaría que sepan que siempre se puede empezar de cero, sin importar en dónde vivan ni cuántos años tengan. Los sueños no conocen los límites geográficos ni de edad, así que si tienen un sueño, una idea, un proyecto que los persigue hace mucho tiempo, es por algo, es porque tienen que ocupar el lugar que les corresponde: el de ser creadores.
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